sábado, 5 de mayo de 2012

Feliz día de la madre.

"Tu vida va a cambiar". 

Recuerdo el montón de veces que escuché esa frase durante mi embarazo. Fui comprobando que era verdad lo que me decían porque mi vida iba cambiando poco a poco y hasta mi nombre iba a cambiar porque un día me convertí en:  mamá.


En mi caso fue hace tres años cuando llegó una personita que cambió mi forma de ver las cosas y mi vida dio un giro de 360º. Desde ese momento

    mi mundo ya no es igual: es mucho mejor.

Cuando te conviertes en madre los cambios son tantos que resulta imposible enumerarlos. Tu día a día se convierte en una aventura, en un desafío que te da la oportunidad de aprender, crecer y convertirte en mejor persona.

Una vez que eres madre lo eres para toda la vida y sientes inmediatamente la responsabilidad de cuidar y educar a tu hijo de la mejor manera posible.

Te vas dando cuenta de que tienes la importantísima tarea de educar y conseguir que se  convierta en una persona buena y feliz. La educación es un reto constante ya que los niños evolucionan día a día y cada etapa trae nuevos desafíos.

Descubres  en tu interior una fuerza que no sabías que tenías y que a veces hasta te asusta por su intensidad. A veces te sientes como una leona preparada para defender a tu "cachorro" con uñas y dientes. 

Por muy duro que haya sido un día siempre puedes ir más allá de tu límite. Estoy segura de que alguna vez habéis estado enfermas y no os habéis dado cuenta hasta que ya no podíais más o que os habéis sentido muy cansadas pero a la vez capaces de seguir y seguir si os han necesitado.

El amor que se siente es tan fuerte y poderoso que, en mi caso que sólo tengo una hija, me hace dudar si podría querer a otra personita tanto como la quiero a ella. 

Empiezas a entender y a respetar a tus padres como nunca lo habías hecho y tu amor se convierte también en admiración (te quedas con la boca abierta cuando piensas en tu madre: tan jovencita y con tres niños tan pequeños ..... ). Gracias, gracias, millones de gracias a los dos.

El ritmo de tu casa, tu trabajo y de tu vida en general está gobernado por un nuevo orden (a veces desorden) y descubres el valor y el placer del silencio, de los momentos de calma, de una tranquila ducha al final del día, de compartir un café con una amiga, de una simple tarde de peluquería y de tantas otras pequeñas cosas que antes no valorabas del mismo modo. Aprendes también a sacar, de donde sea, momentos para dedicar a tu pareja. Por no hablar de una noche de sueño reparador sin interrupciones porque este es un tema aparte que daría para mucho ...

Aprendes a hacer dos cosas a la vez, tres y hasta cuatro. Te haces artista de pronto ya que para distraer a tu bebé inventas preciosas canciones y sencillas historias que con el tiempo se van a convirtiendo en fantásticos cuentos.

Al convertirte en madre poco a poco te vas sintiendo un poco madre de todos los niños del mundo porque no soportas ver sufrir a un niño ni siquiera en una película.
                                             
Yo todavía no he aprendido una de las tareas más complicadas y duras de ser madre: dejar que poco a poco vaya alejándose de tu lado sin intentar protegerle eternamente de los problemas y peligros de la vida e ir dejándo que se vaya enfrentando a sus pequeños problemas tranquila de haberle dado las herramientas necesarias para que vaya aprendiendo a solucionarlos. Sé que me va a costar MUCHO ponerlo en práctica. Es otra de las cosas que nos hace ver la grandeza de nuestras madres.

No sabes cómo quiere una madre hasta que no te conviertes en una.

Te quiero mamá. 

Desde La casa del juguete queremos enviar un abrazo enorme a todas las mamás que nos seguís. ¡Feliz día de la madre!