domingo, 1 de abril de 2012

Juguetes por toda la casa.


Todos los que tenemos niños sabemos que en cualquier rincón de la casa nos podemos encontrar un robot, un acordeón, una mágica ciudad improvisada o un castillo de colores.


Gracias a los niños la casa se convierte en un mundo de fantasía. 

Hay ratos en los que, por cansancio o cualquier otra circunstancia, el hecho de encontrar juguetes por toda la casa nos altera un poco los nervios (puede que esto sólo me pase a mi que soy una maniática del orden o ...... lo era). Cuando esto ocurre lo mejor es coger aire y olvidarnos de nuestra organizada y adulta manera de ver el mundo e intentar disfrutar de ese divertido caos que, con total seguridad, algún día echaremos de menos.


A nosotras nos encantan los juguetes bonitos y los vemos también con un objeto de decoración. Adoramos las habitaciones infantiles con alma, con encanto. Hay habitaciones preciosas y decoradas al detalle pero que sin juguetes a la vista no tienen vida. Debemos procurar que tengan la mayor cantidad de juguetes posible a la vista para que puedan tener acceso a ellos en cualquier momento.


Seguro que alguna vez habéis tenido alguna sorpresita como comprobar que el interior de la lavadora se ha convertido en una cómoda y acogedora camita para un conejo de peluche o que debajo de una cama hay una carretera de piezas de madera por la que circulan todo tipo de vehículos.


En sus momentos de juego tenemos que dejar que disfruten libremente pero cuando toca recoger ellos tienen que ser los primeros. Tenemos que enseñarles a ordenar sus juguetes y a ser responsables de su conservación. Nos parece muy importante la estética de los juguetes ya que siempre nos resulta más fácil cuidar de las cosas que nos gustan. Si tratamos sus juguetes con cuidado les estaremos transmitiendo esa costumbre.

Creemos que los juguetes tienen que ser bonitos, de calidad y a poder ser de materiales naturales ya que son las herramientas de trabajo de los niños. 

Todos los niños son pequeños genios creativos y necesitan de padres que también lo sean, que sepan jugar e imaginar y que no hagan una tragedia cuando algo se desordena o se ensucia.

Debemos proporcionarles materiales, espacio y tiempo para jugar y desarrollar libremente su creatividad.


 Porque jugar es aprender.